Alan García, expresidente peruano que prefirió suicidarse antes de rendir cuentas a la justicia (+Videos)

El Globo News

 En 1985 Alan García acababa de asumir en Perú y era el faro del progresismo en América Latina. El presidente más joven de la región asumía con 35 años. Treinta y cuatro años después, aquella promesa se volaba la cabeza de un tiro en su casa de Lima, perseguido por la justicia en la causa Odebrecht. Murió en el hospital este miércoles.

García fue dos veces presidente. Y fue uno de los estadistas más hábiles de Perú, experto en resurrecciones políticas, hasta que a los 69 años se vio acorralado por las ramificaciones de la red de corrupción Odebrecht que salpicó a otros tres exmandatarios peruanos.

En sus horas finales, García se debatió entre la vida y la muerte en un hospital de Lima, tras dispararse el tiro en la cabeza en momentos en que era detenido. Muchos recordaban su capacidad de sobrevivir y pensaron que esta sería una de esas veces. Pero esta vez no pudo.

El cerco de la investigación Odebrecht comenzó a estrecharse de manera apremiante sobre la figura de García a fines de 2018, cuando fracasó en su intento de conseguir asilo en Uruguay para eludir la investigación de la Fiscalía por supuesta corrupción.

En noviembre había ingresado a la embajada uruguaya en Lima, donde solicitó asilo alegando “persecución política”, pero Montevideo rechazó su pedido y al cabo de 16 días tuvo que marcharse a su casa.

Fue la primera vez en una prolífica carrera política de cuatro décadas que el líder socialdemócrata peruano, muy impopular al final en su país, enfrentaba aprietos judiciales.

Nacido en Lima el 23 de mayo de 1949, su vida familiar fue igualmente azarosa. Padre de seis hijos de tres relaciones diferentes, también tenía un nieto. Estaba residiendo hasta el año pasado entre Lima y Madrid, donde vivía su actual pareja con su hijo menor.

A pesar de la impopularidad que arrastró luego del desastre económico de su primer gobierno (1985-1990), ganó la presidencia nuevamente en 2006 al frente del APRA, el partido más antiguo y sólido de Perú.

En 2006 su reelección se pudo explicar porque tuvo como rival en segunda vuelta al militar nacionalista Ollanta Humala, identificado con el entonces gobernante venezolano Hugo Chávez.

García fue el mal menor, dijo entonces el premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa.

Los analistas consideraron que su resurrección política se debió, además, a sus extraordinarias cualidades como candidato, que le permitieron contrarrestar los fantasmas de su primer gobierno y mostrarse como alguien más reposado y sin esos arranques impulsivos que llevaron a que alguna vez lo llamaran “Caballo Loco”.

“Sólo Dios y los imbéciles no cambian”, señaló García para reforzar su mea culpa y su metamorfosis al dejar de ser promotor de la intervención estatal en la economía y abrazar el libre mercado.

Su primera gestión había dejado una nación en una profunda crisis económica y moral. Su política económica estuvo marcada por un severo control del tipo de cambio, la estatización de la banca y una inflación anual de más de 7.600% en 1990.

Por otro lado, la violencia terrorista del grupo maoísta Sendero Luminoso alcanzó sus picos durante su primer gobierno, que fue acusado tanto de ineficiencia como de excesos en la lucha antisubversiva, incluso con la formación de escuadrones de la muerte.

Pero estas acusaciones, al igual que los cargos de corrupción que quiso endilgarle el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), quedaron en nada.

Perseguido tras el autogolpe de Fujimori en 1992, García pidió asilo en Colombia y luego en Francia, regresando a Perú en 2001 cuando todas las acusaciones en su contra habían prescrito.

En su segunda presidencia, de 2006 a 2011, se adaptó a la vigente economía neoliberal de la que había renegado en su primer gobierno y logró borrar los malos recuerdos que dejó.

No obstante, la sombra de la corrupción lo siguió persiguiendo, al igual que entonces.

Las encuestas venían mostrando en los últimos meses que Alan García era el político más impopular de Perú, con un rechazo de 80%. Fuente: El Clarín de Argentina / Foto: Cortesía