Los grandes desafíos de la nueva industria petrolera venezolana

El desafío estratégico. Parte II

 

Eduardo J. Betancourt *

betancourte@ciede.com

Especial para El Globo News

 

En nuestro artículo anterior decíamos que la nueva dirección petrolera venezolana, que reemplace al actual, tendrá tres grandes desafíos: el desafío estratégico, establecer el rumbo de la industria para optimizar la ventana de oportunidad que aún queda para los hidrocarburos de Venezuela, el desafío competitivo, lograr una excelencia operacional para competir a nivel mundial, y el desafío comunicacional, para lograr un consenso, en la opinión pública y en los actores relevantes de la política y la sociedad civil, sobre la realidad petrolera de Venezuela y las acciones a seguir. En ese mismo artículo comentábamos los cambios ocurridos a nivel mundial en la industria de los hidrocarburos y el deterioro sufrido paralelamente por la industria nacional, y finalizábamos planteando unas interrogantes acerca de hasta cuándo podremos utilizar el petróleo como una fuente de ingresos esencial para el desarrollo y cual rumbo deberíamos tomar.

Lo primero que debemos decir es que desarrollar la industria petrolera no es un fin en sí mismo, es un medio para alcanzar fines superiores, como lo son: eliminar la pobreza, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y controlar el cambio climático, para alcanzar un desarrollo sustentable. Por su naturaleza, la industria petrolera requiere no sólo de grandes inversiones para poder aumentar el potencial de producción y refinación, sino de un tiempo relativamente largo para la ejecución de los proyectos. La tecnología, los factores geopolíticos de las diversas regiones, la opinión pública, los gobiernos e incluso los fenómenos naturales, tienen una fuerte influencia en cuanto a su desarrollo. En un país monoproductor, como Venezuela, probablemente los hidrocarburos representarán la mayor (y probablemente la única) fuente importante de ingreso de divisas, diferente de los préstamos y donaciones extranjeras, al menos en los próximos dos años.

Internamente también se requerirá parte de esos hidrocarburos, tanto para satisfacer las necesidades de la población, especialmente en lo concerniente a transporte, electricidad y gas, como para reactivar las industrias, crear fuentes de trabajo y producir bienes y servicios, para el consumo interno y para las exportaciones. En otras palabras, debemos examinar, en el corto y mediano plazo, como desarrollar la capacidad de producción de energía de nuestro país, principalmente petróleo y gas, energía hidroeléctrica y termoeléctrica, y carbón, para satisfacer la demanda interna, por una parte, y aprovechar las oportunidades de exportación de hidrocarburos, para la obtención de divisas, por la otra. A esto se le denomina la “matriz energética nacional” y su optimización es el mayor desafío que enfrentará la dirección de la Industria. El objetivo estratégico es lograr el mejor uso de cada fuente de energía (como dicen los americanos “the highest and best use”), para superar la actual crisis humanitaria y encaminar el desarrollo del país hacia una economía no dependiente del petróleo.

 

LOS ACUERDOS ESTRTATÉGICOS ESENCIALES

Ese análisis debe hacerse cuanto antes, aunque se ve dificultado por la opacidad y el desorden imperante en la actual industria petrolera, lo que impide el acceso a una información confiable y por lo cual debemos utilizar la mejor data que podamos obtener. Permitirá tomar conciencia, tanto en el sector petrolero como en el político y en la sociedad civil, de varios aspectos estratégicos importantes, que debemos conocer y donde tenemos que ponernos de acuerdo por encima de las diferencias políticas o ideológicas naturales en una sociedad democrática: cuál es la verdadera oportunidad de comercialización de los hidrocarburos venezolanos en el mercado mundial en los próximos 20 o 30 años, cómo se proyecta la demanda interna a corto y mediano plazo, cuánto habría que invertir en las diferentes fuentes de energía (hidrocarburos, termo electricidad, hidroelectricidad, carbón, y otras) para alcanzar un equilibrio óptimo entre la oferta y la demanda, dónde habría que realizar esa inversión para obtener los máximos beneficios, cuáles son nuestras ventajas competitivas y nuestras posibilidades reales de desarrollar la industria de los hidrocarburos y a qué sectores de la misma debemos darle preferencia, cuáles son las acciones prioritarias que deberíamos ejecutar al cambiar la situación actual, cómo debemos organizar la Industria.

Afortunadamente no tendremos que partir de cero. Varios grupos de profesionales conocedores del sector petrolero han adelantado desde hace varios meses, estudios muy completos, sobre la situación actual de la Industria y la forma de recuperarla. Es una tarea titánica, que requiere seguir una metodología de identificación de problemas, análisis de causas raíces y generación innovadora de soluciones. Para hacerlo hay que conocer bien la cadena de valor de la industria y las áreas prioritarias que se deben abordar desde el primer día de la transformación. Estos estudios coinciden en que la Industria deberá pasar por tres etapas, desde el momento en que ocurra el cambio que todos esperamos: una fase de emergencia para lograr estabilizarla y detener su actual deterioro, una fase de transición y una fase de transformación final para lograr impulsarla de nuevo. Todo esto requerirá recursos, principalmente económicos, tecnológicos y humanos, que actualmente el país no posee. ¿Dónde obtendremos esos recursos?

 

EL PAPEL DE LA DIÁSPORA

Aquí es donde la diáspora, especialmente la petrolera, juega un papel fundamental. En el año 2003, en lo que algunos han denominado un “genocidio laboral”, la PDVSA actual expulsó a más de 20,000 de sus mejores técnicos y directivos, una gran cantidad de los cuales tuvieron que emigrar. En aquella época, en nuestra catedra de Planificación Estratégica, en el CIAP de la Universidad Católica Andrés Bello, comentamos que más que un crimen era una estupidez, y quienes conocíamos la Industria por dentro sabíamos las terribles consecuencias que esto traería. Ese capital humano despreciado en su país, fue recibido con los brazos abiertos por todos los países petroleros del mundo, desde Canadá hasta Arabia Saudita, donde demostró su calidad y profesionalismo. Hoy hay que identificarlo, ubicarlo y explorar hasta qué punto está dispuesto a participar en este esfuerzo de reconstrucción. Podemos adelantar que los primeros estudios han ofrecido resultados esperanzadores.

Por otra parte, tenemos que realizar un esfuerzo para unir a los integrantes de la diáspora, discutir la situación actual y las estrategias a seguir y difundir todas las oportunidades que se ofrecen bajo una nueva concepción, moderna y dinámica, de la industria de hidrocarburos, tanto en el campo laboral, como para los inversionistas nacionales y extranjeros que quieran participar en este emprendimiento. En estos últimos 15 años el mundo petrolero ha cambiado mucho. Hay que aprovechar la experiencia adquirida en el contacto con otras culturas y los avances tecnológicos, para construir una nueva Industria, que será bien diferente a la que conocimos en el pasado, pero mucho mejor adaptada a las nuevas realidades. ¿Cuáles serán los fundamentos sobre los cuales la construiremos? ¿Qué nos dicen los estudios realizados sobre nuestra realidad actual y cómo transformarla? ¿Qué papel debe jugar el mundo político y la sociedad civil en esa reconstrucción? ¿Cómo atraer el capital extranjero y la tecnología requerida para lograrla? Eso será el tema de nuestros próximos artículos.

* Eduardo J. Betancourt es Ingeniero Mecánico y Abogado, con Maestría en Ingeniería de Petróleos y Especializaciones en Derecho Internacional Económico y de la Integración, y en Desarrollo Organizacional. Trabajó en la Industria Petrolera durante 35 años, en las Compañía Shell de Venezuela y PDVSA, donde formó parte de su nómina ejecutiva. Ha sido profesor de postgrado en las áreas de Planificación Estratégica, Reestructuración y Optimización Operacional y Gestión Estratégica de Capital Humano, en la Universidad Central de Venezuela, Universidad Católica Andrés Bello y Universidad Simón Bolívar. Desde el año 2000, fecha de su retiro de PDVSA, se desempeña como consultor empresarial y profesor universitario. Es autor de varios libros, el último de ellos: “Estrategia, la piedra angular del éxito” (Amazon)