Añoranzas de una venezolana

 

 

 

 

Mónica Díaz
West Palm Beach

Estamos aquí, en Estados Unidos, tierra que nos respalda en ese afán de superación y de búsqueda de un ambiente de paz y de convivencia; en estos tiempos cuando nuestros países sucumben ante la desidia y la desigualdad que impera con absoluto dominio de grupos empresariales, partidos políticos y los gobiernos, indistintamente de la formación o condición social.

Por lo tanto, los que habitamos fuera, cada día buscamos la unidad, en estos suelos donde hemos encontrado la posibilidad de salir adelante.

Esta opinión de una venezolana lleva consigo el concepto e idealismo de las mayorías de inmigrantes visionarios que decidimos probar suerte en otros lugares. Sin embargo, esta reflexión cargada de nostalgia encierra el “alguna vez volveré” a mi tierra, lo que para la mayoría se convierte con el paso del tiempo en una aspiración difícil de cumplir y, cito el ejemplo de los árboles, que van creciendo y sus raíces los hacen firmes y seguros, imposibles de derribar.

Es la interpretación de los miembros de una familia que se encaminaron e hicieron sus vidas adaptados a otro sistema que les dio la posibilidad de crecer.

Conclusión: estabilidad y cambios definitivos de pensamiento, de vida y de futuro, de manera que el país donde vimos la luz por primera vez, que amamos y por el cual oramos, queda para las visitas de rutina, enmarcado en recuerdos de lo que fue una vida; algunas veces rebosante y otras plagada de dificultades.

Pero… en mi caso, aunque parezca utopía, sigo pensando en regresar a Venezuela, pero me frena su complicada situación desde el punto de vista político-social, que espero se solucione pronto, para beneplácito de todos.

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