Cómo superar el hábito de criticar

Dr. Renny Yagosesky

MIAMI. – Uno de los hábitos más arraigados en el ser humano es el criticar. Con sorprendente facilidad juzgamos a otros a quienes ni siquiera conocemos, y cuyas circunstancias y motivos ignoramos. Al criticar a los demás, actuamos como jueces, y si los criticamos frente a terceros, podemos llegar a causar daños irreparables.

Siempre me ha parecido interesante profundizar en la comprensión de este tipo comportamientos y sus posibles causas. Parece evidente que existe una razón de corte egocéntrico, que nos invita a buscar y encontrar defectos en ciertas personas, como un modo de experimentar cierta superioridad funcional o moral en relación con ellos. Podría decirse que elevamos nuestra importancia personal rebajando a quienes nos rodean, especialmente si algo en ellos nos desagrada. Como diría Eric Berne: jugamos al “Yo estoy bien y Tú estás mal.”

Si lo miramos a fondo, notaremos que la crítica es usualmente proyectiva y muestra mucho de quien critica, pues lo que criticamos a algunos suele ser aquello piensan, sienten o hacen diferente a nuestras preferencia y expectativas. En palabras de Jules Renard: “Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener.”

Las críticas pueden hacer mucho daño

El destacado psiquiatra Roberto Assagioli, ha señalado que “usamos la crítica para desahogarnos y autoafirmarnos, pues al criticar expresamos inconformidades, damos salida a la energía agresiva y nos colocamos ilusoriamente por encima de otros.” Y agrega que nos unimos a otros para desacreditar a terceros, como una forma de hacer equipo y afianzar nuestro sentido de “manada”.

En una óptica de género, las mujeres suelen criticar más que los hombres, pues en general hablan más, son más emocionales y tienen más consciencia del comportamiento de quienes les rodena. Los varones pueden elegir el reclamo directo e incluso la violencia física, cuando algo es valorado como desagradable. Así lo reflejan los altos índices de violencia doméstica, y participación en actos de torturas y guerras protagonizados por hombres.

Cuando somos nosotros los criticados, lo adulto es evitar saltar a defendernos impulsivamente, pues a pesar del desagrado que pueden causarnos las apreciaciones ajenas, puede haber mucho de asesoría gratuita que nos convenga saber y reflexionar. Los que vemos como enemigos, pueden llegar a ser nuestros mejores maestros. Acertado fue Churchill al señalar que “Las críticas no serán agradables, pero son necesarias.

Para vencer el hábito de criticar, debemos revisar nuestros niveles de tolerancia, y aprender a ver la crítica como un falso mecanismo de superioridad. También conviene vigilar nuestro impulso a despotricar de otros, y opinar de modo más equilibrado. Una vez leí que: “debemos observar lo que decimos, después de mencionar el nombre de otro. 

Para Gurdjieff, el sabio ruso, podemos callar respetuosamente, cuando se mencionan supuestos defectos de una persona ausente. Y, adicionalmente, existe la opción de abstenernos de formular “críticas constructivas”, si nuestra opinión no ha sido previamente solicitada.

Cuando se trata de menores, hijos, empleados o gente bajo nuestra tutela, podemos aconsejar sin humillar, y valorar sus aspectos positivos. Es bueno tener presente que la crítica sin compasión, es percibida con frecuencia, como agresión, falta de empatía, hostilidad encubierta.

Pensemos, pues que nuestras apreciaciones pueden ser constructivas destructivas, que no siempre debemos opinar y que lo que nos dicen, aunque sea momentáneamente incómodo, puede ser un remedio amargo con capacidad de curar. Más consciencia, más humildad y menos crítica. Dr. Renny Yagosesky Ph. D en PsicologíaLic. en Comunicación Social, escritor y Conferencista.

@DoctorRenny