El derecho a disentir en el Socialismo del Siglo XXI

Rafael Ángel Domínguez

“Es peligroso tener la razón, cuando el gobierno está equivocado”

Voltaire.

La Real Academia Española, explica en su diccionario que la palabra “disentir” es un verbo intransitivo que significa: no ajustarse al sentir o parecer de alguien. Esta sencilla pero totalmente clara definición explica lo manifestado por el Premio Nobel de Literatura, José Saramago, cuando expuso que: “lamentaba la ausencia en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de El Derecho a Disentir”, y, con mucha justificación, ya que el Nobel de Literatura, añadía: “El disentimiento es la esencia del pluralismo, que sabemos es el máximo valor del entendimiento democrático moderno. Si el medio democrático no es capaz de garantizar el derecho al libre pensamiento; el disenso es tan importante como el consenso, de no comprenderlo así, serviría de poco la solución democrática. La tolerancia, complemento del pluralismo, está fincada en el derecho a disentir sin consecuencias”.

Por tanto, disentir, es un elemento fundamental e intrínseco al hombre y a la democracia, donde ésta última debe proteger a los primeros, para que sin represalias puedan manifestar libremente su inconformidad con cualquier aspecto de la vida social y política del país. Así pues, la libertad de expresión y las manifestaciones de ideas contrarias a la opinión predominante, no sólo son discusiones que enriquecen la tolerancia y la convivencia pacífica de una sociedad, sino que promueven el pluralismo y la igualdad, fortaleciendo a su vez los cimientos de una verdadera sociedad democrática.

No puede un gobierno erigirse como democrático, sino respeta el derecho a disentir; el problema ante estos desafíos se da cuando por exponer ideas que difieren de las propuestas del Gobierno, se recurre a la censura, a la inhabilitación e incluso a la cárcel para silenciar aquellas voces que desean expresar disconformidad; lo cual no es más que una vil expresión de una gran intolerancia, característica fundamental de regímenes totalitarios; que con un abuso excesivo y perverso del poder irrespetan los derechos de los individuos.

El problema es que en el “Socialismo Venezolano”, en ese mal llamado socialismo del siglo XXI, que no es más que la convergencia de lo peor del socialismo del siglo XX, el  disidente es visto como enemigo, pues el régimen no soporta la discrepancia de ideas, no soporta las contradicciones, y mucho menos posee argumentos sólidos sobre los cuales debatir los mismos, utilizando –ilegalmente- la fuerza como mecanismo para silenciar las ideas, y la represión como mecanismo de control ante los movimientos que reclaman correcciones en la conducción de las políticas del país.

Hoy en día, el “Madurismo”, y antes el “Chavismo”, se dedicaron a construir un férreo sistema de control social, donde unas instituciones permeadas por la corrupción, la ineficacia y donde no existe la meritocracia, han censurado y combatido a la disidencia, para evitar que se hagan evidentes y visibles, las carencias y los problemas que padece la sociedad civil y que el gobierno es incapaz de resolver. Y es por ello que el régimen en vez de afrontar los problemas y solucionarlos, prefiere controlar los medios de comunicación y silenciarlos. Según denuncia del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa, sólo en 2017 se cerraron más de 49 medios de comunicación, y se sacaron del aire a canales de televisión de importancia internacional como lo son CNN en Español, RCN Noticias, Caracol, NTN, entre otros; así como emisoras insignes de la radio Venezolana.

Y aunque ese cercenamiento comunicacional ha sido importante para evitar dar a conocer lo que sucede en el país y mantener a la población desinformada, el descontento ha ido incrementándose y el gobierno como respuesta, ha arremetido contra las libertades individuales, como medio para silenciar a un pueblo que grita y padece, lo terrible que han sido estos años de desgobierno. Para enero de 2018 se contabilizan más de 231 presos por razones políticas, de los cuales sólo en el primer mes de 2018, se detuvieron a 30 de ellos.

El liderazgo de la disidencia opositora también ha llevado su castigo por parte del régimen, y es que todo aquel que eleve la voz contra el peor gobierno de nuestra era republicana, es considerado un traidor y utilizando a unas instituciones sin credibilidad y sostenidas sólo por la fuerza de las armas y la represión, han procedido a inhabilitar a cualquier líder que se avizore como un posible candidato, como en efecto lo realizó con Leopoldo López, Henrique Capriles, Antonio Ledezma y Maria Corina Machado, entre otros tantos. Un gran número de estudiantes encarcelados por sólo manifestar su opinión contraria a la impuesta por el régimen. Y es que en Venezuela, disentir del régimen, es la única “actividad” que te asegura ser detenido y encarcelado. Inhabilitación y cárcel para los opositores críticos, mientras que Embajadas y Ministerios como premio a los represores y a los cercenadores de Derechos Humanos.

Solo con un gobierno que tenga claro el concepto de libertad, y un pueblo que esté decidido a no dejarse arrebatar ni disminuir sus derechos, puede garantizar que avanzaremos en el camino que deberá, algún día, conducirnos a la plenitud democrática de un Estado de Derecho, mientras tanto estamos en presencia de un totalitarismo anacrónico, sustentado por las armas de unos pocos contra las voces de muchos. Lo que estos gobiernos olvidan, es que nadie puede detener la conciencia del pueblo cuando este se levanta de su letargo, no existiendo castas privilegiadas capaz de frenar estos procesos históricos; y con la gran esperanza de que el pueblo se termine de levantar de este letargo y el restablecimiento de la democracia esté cada día está más cerca para nosotros los Venezolanos.

Un comentario en “El derecho a disentir en el Socialismo del Siglo XXI

  • el 9 febrero, 2018 a las 4:09 pm
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    Excelente reportaje. Muy bien.

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