El Holocausto venezolano

Juan Castro
Analista venezolano
Miami

La Sala Plena (reunión de todos los magistrados) del Tribunal Supremo de Justicia del gobierno venezolano ordenó a la espuria Asamblea Nacional Constituyente, también del gobierno venezolano, el allanamiento de la inmunidad parlamentaria a Freddy Guevara, diputado a la Asamblea Nacional legitima de Venezuela por el partido político Voluntad Popular y primer vicepresidente de dicho órgano colegiado. En la misma sentencia se le dicta prohibición de salida del país y se establece que al parlamentario no ha de seguírsele el procedimiento de antejuicio de mérito, establecido en el artículo 200 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pues el tribunal considera que los delitos imputados han sido cometidos en flagrancia.

Una acción más dirigida a controlar de forma absoluta todos los poderes del Estado, concentrándolos en el Ejecutivo, con la ayuda del Poder Judicial sumiso y de la Asamblea Nacional Constituyente como órgano diseñado para que el neo-dictador se otorgue una nueva constitución, esta vez absolutamente diseñada a su medida, eliminando de la misma todo vestigio de republicanismo.

Freddy Guevara, diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela

Este es el actuar de los fascistas clásicos

Hoy es válido sostener que en Venezuela se ha instaurado un régimen de corte fascista, con ropaje socialista, cuyas consecuencias aún no han terminado de producirse. Asistimos, sin género de duda, al holocausto venezolano. La frase no es casual ni mucho menos temeraria, describe la situación de crisis política, social, económica, humanitaria e internacional generada por el chavismo.

Cómo en la Alemania nazi, la acción malévola de delincuentes  que llegaron al poder gracias a la democracia, ha traído como consecuencia el asesinato, encarcelamiento, destierro, exilio, emigración masiva, apartheid político y clasista en la población venezolana, diezmándola a tal punto que ya se contabilizan al menos 3 millones de venezolanos viviendo fuera del país.

Los nazis fundamentaron su imperio del mal en la superioridad racial y en su afán de dominar al mundo exportando a la fuerza su modelo político-social. Por su parte el chavismo utilizó como base de sustentación de su “proyecto” su presunta “superioridad moral” sobre la clase política tradicional venezolana, intentando exportar el sistema denominado “socialismo del siglo XXI”, mediante la utilización del petróleo como arma geopolítica, así como los ingentes recursos que este generó al tesoro nacional entre 2002 y 2013.

Ambos proyectos fueron encabezados por pseudolíderes que exaltaron, a través de su demagogia enfermiza, sentimientos nacionalistas que atizaron la lucha de clases y razas, lo cual en realidad permitió la sustitución de un grupo de poder por otro, porque la tal lucha de clases, en Venezuela en realidad nunca existió, o no al menos en las dimensiones en que estos estafadores públicos quisieron venderla. En ambos casos, nazismo y chavismo, las ansias de poder y dinero llevaron a sus “líderes” a cometer crímenes de todo pelo, incluso delitos de lesa humanidad.

Hoy en día somos testigos de toda suerte de violación a los derechos humanos, de los principios generales del derecho, lesiones a la constitución vigente y a la legalidad por parte de quienes son, en teoría, los llamados a defenderla, a saber, los “jueces” del horror del Tribunal Supremo Chavista, quienes sin desparpajo manipulan conceptos jurídicos como el de flagrancia (detención del imputado en plena comisión del delito), para así saltarse a la torera la prerrogativa constitucional del antejuicio de mérito que debe seguírsele a un diputado en ejercicio y, por si esto fuera poco, ordena que el desafuero del parlamentario lo lleve a cabo un órgano distinto al cual pertenece, pues solo la Asamblea Nacional tiene la competencia para decidir acerca del allanamiento o no de la inmunidad parlamentaria de sus diputados y nunca jamás una Asamblea Nacional Constituyente ilegal, ilegítima e inconstitucional.

Este es un episodio más de la zaga de terror que vive el pueblo venezolano, gracias a la acción del grupo hamponil que hoy desgobierna Venezuela y mantiene al país “más rico del mundo” sumido en total y absoluta miseria.

Esperemos que no sea necesaria la muerte de más compatriotas a manos de la delincuencia, que son pelotones móviles del régimen, del hambre, de la desnutrición, de la falta de medicamentos, insumos en los hospitales y de la exterminación selectiva de venezolanos, para que el mundo por fin actúe en consonancia con lo que verdaderamente está ocurriendo en nuestras narices, en la Venezuela de hoy: un verdadero holocausto, al que habrá de combatirse con menos discursos, declaraciones o sanciones diplomáticas, pero sí con la misma energía mediante la cual, en su día, el mundo se liberó de la posibilidad de convertirse en una granja nazi. Amanecerá y veremos.

 

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