USA: El venezolano William Bracamonte revoluciona la medicina y los trasplantes del corazón

El Globo News/

CALIFORNIA. -El médico venezolano William Bracamonte-Baran, revoluciona el mundo de la medicina al marcar el inicio del adiós a las pastillas para el corazón y a los inmunosupresores, gracias a su trascendental investigación sobre células linfoides innatas, que le han merecido la distinción como Investigador joven del año -Young Investigator Awards/Grants- en los Estados Unidos.

Con dos importantes reconocimientos en menos de seis meses, este médico venezolano egresado de la Universidad Central de Venezuela, es coautor de algunos libros de Biofísica y Fisiología, información que llegó a Wisconsin y le valió la oferta para hacer el doctorado en esa casa de estudios.

Nacido en la ciudad de Barquisimeto, occidente de Venezuela, recibió becas de la Asociación Americana del Corazón (AHA) y de la Asociación Americana de Enfermedades Inmunológicas (AARDA).

Las organizaciones de la salud que lo han galardonado se van sumando a dos prominentes universidades de Estados Unidos que lo cortejaron para que llevara allí sus talentos: la Universidad de Wisconsin (UW) y la Universidad John Hopkins de investigaciones, en Baltimore, Maryland.

Sus proyectos fueron rechazados en Venezuela por considerarlos de poco interés para las prioridades del desarrollo de la Nación suramericana. Se mudó a Wisconsin 2011con una oferta y una “beca-sueldo” para estudiar en UW, gracias a la recomendación de un profesor de la UCV, y financió el PhD con el sueldo-beca como asistente de investigación.

Hizo el doctorado en Inmunología de la Universidad de Wisconsin en la mitad del tiempo establecido y en 2014 ganó el premio del World Transplant Congress, gracias al descubrimiento de unas células que podrían evitar que los trasplantados tomen inmunosupresores de por vida.

Los resultados in extenso ya fueron aceptados para publicación en Proceedings of the National Academy of  Sciences –una de las cinco revistas de mayor impacto en el área de inmunología– derivados de su tesis doctoral, que cuenta con la tutoría del Dr. William Burlingham, jefe del laboratorio e investigador principal del proyecto global.

Venir a este país no era la prioridad de Bracamonte-Barán, cuando inició sus estudios en la escuela Razetti de la UCV en 1998.

“Desde un principio, mi idea ha sido regresar”, dijo. “En mi práctica clínica vi tantas enfermedades que eran difíciles de diagnosticar que terminaban siendo problemas inmunológicos. Mi intención era usar la investigación para resolverlas”.

La nostalgia por Venezuela no le abandona, a pesar de su éxito, particularmente porque sus padres están allá y él aún sólo cuenta con una visa temporal.

“Fue y sigue siendo muy duro, porque ellos están allá y no he podido visitarlos tanto como quisiera”, explica.

 “Desde “chamo” tuve la motivación, me llamaba la atención la ciencia y la investigación, y eso me fue llevando hacia la medicina”, cuenta Bracamonte-Barán.

Estudió medicina en la UCV, pero esa escuela “está más orientada a la parte clínica de la medicina” y no a la investigación, al descubrimiento de nuevos tratamientos, que le apasionaban.

Su mejor recuerdo hasta el día de hoy es la pasantía rural que hizo, tras graduarse, en un pequeño pueblo llamado Petaquire, a 30 kilómetros de Caracas.

En los últimos años en Venezuela, comenta, es raro que los médicos novatos sean realmente enviados a hacer su “año de servicio rural” en una zona que realmente lo sea.

“El deterioro de los sueldos y la falta de personal en zonas urbanas superpobladas, hizo que muchos tuvieran que cumplirlo en ambulatorios de la ciudad”, dijo. “Pero yo tuve oportunidad de ir a un pueblo que estaba bastante aislado de la ciudad, y resolver eficientemente los problemas de los pacientes”.

Su formación en Venezuela no estuvo exenta de momentos “casi traumáticos”, como el mismo lo cuenta.

“Mi residencia de medicina interna la hice en el Hospital Universitario de Caracas, en 2008 y 2009, estuvo marcada por las grandes deficiencias que tenemos en Venezuela en personal paramédico”, indica. “Los médicos terminan haciendo su trabajo y el de otros”.

De allí pasó a trabajar como supervisor de pacientes y otros residentes y a dar clases en la UCV, hasta que llegó la oferta de Wisconsin, en 2011.

Pero con el tiempo, aquí en Estados Unidos ha encontrado el apoyo económico e institucional para desarrollarse en la investigación, y ha producido grandes resultados a cambio de ese apoyo.

En Wisconsin realizó un doctorado en inmunología en apenas tres años, la mitad de lo que tomar usualmente. Allí descubrió unas células que podrían servir de terapia a los pacientes con órganos transplantados y reducir la cantidad de inmunosupresores que deben tomar.

Los resultados fueron publicados este año en la Academia Nacional de la Ciencia y han “generado entusiasmo”.

Las otras investigaciones premiadas las está realizando en John Hopkins, donde se trasladó en 2014, con otra oferta. Allí trabaja, con financiación del Instituto Nacional de la Salud y la AHA, en un proyecto que puede resultar en terapia contra las inflamaciones del miocardio (corazón).

En medio de su meteórico éxito y arduo trabajo, William se preocupa por el futuro de Venezuela y recuerda con cariño los días de su niñez y juventud en una Caracas más amable que la de hoy.

“Todavía pude ver un poco de esa ciudad”, recuerda. “Pasear con mi viejo los sábados en la mañana por el bulevar de Sabana Grande y la Plaza Venezuela. Y el mercado de los “corotos” en el estadio”.

William no es un inmigrante aún, sino un “migrante temporal”, pero sus contribuciones a este país y al mundo ya están dando mucho de qué hablar. Fuente: El Diario de NY.

Foto: cortesía