El Voto Latino: Importante y decisivo

Por Antonio Madrigal /

KENDALL, FL.- Debemos repetirlo con legítimo orgullo: Con nuestro voto llevamos a Barack Obama, el primer presidente afroamericano, a la Casa Blanca. Eso no es un secreto para nadie. Y su bandera de lucha fue la Reforma Migratoria, así con mayúscula, como mayúscula fue nuestra frustración. Esa promesa no la cumplió, a pesar de haberlo afirmado muchas veces, y por eso nuestro reclamo debe ser respetuoso pero firme, porque sin el voto latino, sin nuestro apoyo, no se hubiera apoltronado en la silla de mando de la primera potencia del mundo. Y eso que votamos menos del cincuenta por ciento de los que podíamos hacerlo.

Ahora somos más. Seguimos aumentando en cantidad y en calidad. Pero, y aquí viene el gran “pero”, parece que nos dormimos en nuestros laureles. Han pasado los días, los meses y los años y el tan anhelado “sueño americano” no logramos alcanzarlo.

Se nos escapa entre las manos. Las sombras en las que vivimos se hacen, no solamente de noche sino también durante el día, más intensas, obscuras, y seguimos igual, mejor dicho, peor que cuando dejando todo atrás, hasta a nuestros seres queridos, salimos como dice el poeta “caminando hacia atrás para mitigar la angustia” en busca de una vida mejor.

Si nosotros mismos no nos damos el valor que realmente tenemos, y me niego a decretarlo, estamos a punto de perderlo todo. ¡Ni Dios lo permita!

Sí, claro que sí. Estamos agradecidos. Nos han recibido sonrientes y con los brazos abiertos. Ya estamos aquí, esforzándonos con dos y tres trabajos y haciendo en el nuevo hogar lo que nunca imaginamos allá –yo hasta cocino y friego- en nuestro aceptado papel de inmigrantes, que nunca lo fuimos y que conste, no es queja, pero eso no es suficiente, falta algo más. No es justo. Casi ni nos vemos. Salimos de madrugada y regresamos cuando el sol se esconde para que reine la luna. Pero la lucha es de todos.

Y estamos casi siempre con el corazón palpitando en la boca de angustia y de miedo, no sabemos si asustados de los dientes afilados o temerosos de “la migra” y de las deportaciones.

Ya está bueno de que nos separen de nuestras familias. Ya es hora de pegar un grito de protesta y de exigencia. Ellos, las autoridades, los que mandan, los que hacen y quitan las leyes, los políticos, algunos ciudadanos –afortunadamente muy poquitos- los que nos ponen trabas y obstáculos, también nos necesitan.

No solo porque hacemos el trabajo duro (y todo trabajo es digno), ese que incluso realizamos por menos dinero y siempre alegres, contentos, humildes, sino también porque necesitan nuestro apoyo para ser electos.

Gracias a Dios, esta tierra bendita es un país de inmigrantes. Aquí cabemos todos. Los de allá y los de aquí. Y los latinos estamos creciendo aceleradamente. Por nosotros, por nuestros hijos, estamos en el deber de exigir cariño y respeto como parte integrante de esta gran familia. El miedo se quedó allá, atrás, lejos. Somos muchos. Hay que salir a votar para triunfar y labrarnos un futuro digno, hermoso. Tenemos derecho al voto. No dejemos que otros decidan por nosotros. Dios bendiga y proteja a América.

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