La civilización se olvidó de la ley de causa-realidad-efecto

Humberto Rojas Rodríguez
Investigador

Esta ley es un extraordinario soporte en el cual se puede basar la humanidad para proyectarse. La civilización se cimentó únicamente en el efecto: Lo Positivo.

Si la humanidad conociera cada día mejor la «Ley de Causa Realidad y Efecto”, guiará su accionar, constataría cómo le atraviesa palos a su propia existencia y sabría vivir la vida a plenitud.

La civilización hoy se encuentra frente a un muro, perpleja, sin solución alterna; aferrada a la cultura de intereses que constituye una fuerza poderosa; recordemos que esa cultura es homogénea, formada a lo largo de 12.000 años y es, ni más ni menos, que la cultura humana; esta cultura de intereses es la fuerza que rige el ciclo que trasiega la humanidad; es la  misma fuerza creadora del ciclo de civilización. Esta cultura de intereses la contiene las capas altas y las capas bajas de la sociedad global.

En este momento histórico, la necesidad llevará a la humanidad a buscar soluciones de fondo, y en esta búsqueda irá profundamente a la causa, a la realidad (presente), y a la proyección de futuro… Es decir, se apoyará en la Ley de Causa–Realidad–Efecto. La humanidad debe aprovechar la riqueza de la experiencia humana, no solo la experiencia positiva: el efecto directo, lo cual llevó al desarrollo que denominamos: artesanías–tecnología–ciencia, infraestructura, comercio, dando origen a lo artificial: la civilización. Lo artificial es contrario (antagónico) de lo natural.

La civilización y todos sus frutos positivos y negativos tuvieron origen en el fenómeno de los intereses particulares. Este fenómeno se expresa solo en los seres humanos y en el ciclo por el que trasiega en este momento la humanidad.

Por ausencia de trabajo dialéctico e investigación están confluyendo en tiempo y a corto plazo los siguientes efectos, a los cuales no se les ha buscado solución en sus causas:

El debilitamiento del orden social, incluida la clase dirigente; la polarización de la riqueza y la pobreza; la violencia masificada y generalizada en el globo; la intensificada guerra económica entre polos de poder; el deslizamiento de la clase dirigente y media al sector pobre; el desarrollo tecnológico que reemplaza la mano de obra, colocándola en el desempleo e improductividad, fenómeno que no tiene corrección, salvo, previo cambio de ideales y objetivos humanos; el problema ecológico, la contaminación y degradación de los recursos naturales: sol, aire, agua, capa vegetal y todas las especies vivas; el fenómeno invernadero que elevó la temperatura atmosférica, ocasionando grandes inundaciones, sequías, tormentas, ciclones y huracanes, a tal punto que sus efectos van a la par con la violencia, las guerras y la miseria; y las enfermedades psíquicas, que no existían en la edad primitiva.

Algunos de los efectos (negativos) enumerados anteriormente entraron en colisión, en etapa crítica, y no son corregibles con decretos, políticas, estrategias, tácticas, presupuestos ni obras públicas. Todo esto ya se probó hasta la saciedad y las presiones de los fenómenos citados avanzan incontrolables. Se requiere cambiar de direccionalidad al accionar humano, hasta que se genere una nueva cultura, basada en el equilibrio de la necesidad humana y el interés particular, y en el equilibrio de la civilización y la naturaleza. www.luzalacrisisdelplaneta.org