LA ESTANFLACIÓN COMO CRISIS TERMINAL EN VENEZUELA

Por Luis Mata Mollejas

“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices que de golpe se encuentran con una gota de poder”.

José de San Martín

Desde el colapso de los Acuerdos de Bretton Woods, se hicieron presentes modificaciones importantes en el orden financiero mundial, lo cual incrementó la afluencia de capitales en el espacio internacional, y la frecuencia de crisis financieras; evidenciando el fracaso de las políticas aplicadas y las limitaciones de los esquemas teóricos que las justificaban; en particular, en el caso de los Bancos Centrales, que no impidieron la colocación del excedente económico en actividades especulativas; reduciendo la inversión reproductiva creadora de empleo.

Para el caso venezolano, podemos decir que, a partir de la novena década del Siglo XX, la estanflación se hizo presente, acompañando a la globalización financiera y al endeudamiento público y privado.

El obvio significado de tales eventos, es que el servicio de la deuda (incluida la amortización de capital) llega a representar una porción significativa del ingreso nacional (PIB); proceso que NO puede mantenerse indefinidamente…mostrando la historia de las finanzas, que pasar de una situación de endeudamiento insostenible, a otra de sostenibilidad, contiene un momento de bifurcación denominado crisis financiera (Aglietta, M 2014);pudiendo apuntar, además, de acuerdo con Jorda, Shularick y Taylor (2013) que la causa final es atribuible al endeudamiento en la banca privada pues el endeudamiento público es reactivo o contra cíclica, de donde Aglietta (2014) concluye (op cit, p.32) la necesidad de revisar la política de la banca central, en relación a los propósitos a lograr:

I)             la estabilidad de precios o del poder adquisitivo;

II)           la estabilidad financiera, o factibilidad de recuperar los recursos anticipados, y

III)          la sostenibilidad en el tiempo de la deuda pública.

Los cuales constituyen los caballos que permiten la conducción correcta del carro solar de Apolo[1] para secar la pantanosa interacción entre dinero y política.

En relación con el primer propósito, interactúan la tasa de interés a corto plazo y el tipo de cambio. Con relación al segundo propósito, interactúan la tasa de interés de largo plazo y la tasa de retorno de las inversiones realizadas con los créditos; esto es la influencia de las perspectivas macroeconómicas reflejadas en el vayvén en el rendimiento de las bolsas de valores. Y, en cuanto al tercer propósito, los datos objetivos tienen que ver con la exigencia de que el crecimiento del PIB per cápita sea mayor que la tasa de interés de largo plazo.

Resaltemos que, si los requisitos económicos enunciados no se cumplen, las autoridades nacionales, como Faetón deberían, por respeto a sí mismas, bajarse del carro de Apolo para no seguir perturbando el orden cósmico; esto es el bienestar colectivo.

La caída sostenida del crecimiento del ingreso nacional, desde 2005 hasta 2019; la hiperinflación del lapso 2018-2019 y el promedio de dos cifras del desempleo abierto, NO dejan dudas de que la estanflación está presente.

Debiendo añadir, que la información brindada por los balances del Banco Central de Venezuela (BCV) y el descenso de la producción petrolera, que ha convertido a Venezuela en importador neto de crudos y refinados, permite afirmar que las raíces de la estanflación son de larga data.

En contraste, el extraordinario crecimiento del ingreso nacional durante la cuarta y quinta década del Siglo XX se apoyó sobre la transformación de una economía agrícola, en una economía exportadora de petróleo integrada, así, a la economía industrial mundial; al tiempo que la política crediticia comercial permitió cubrir, parcialmente, con producción doméstica las necesidades de bienes industriales para el consumo.

 Por las características del proceso crediticio, la Ley del BCV de 1940, lo conformó como “compañía” con participación del capital privado, con prohibición de asistir crediticiamente al gobierno. Esto último se permite con la reforma a la Ley del BCV de diciembre de 1960; asunto unido a la autorización del BCV para fijar la tasa máxima de interés de los depósitos y de cierto control sobre la tasa activa.                 En octubre de 1974, se estatizó el BCV y se le otorgó el derecho exclusivo de acuñar


[1] El mito de Faetón/Apolo dice que Faetón le pidió a su padre Apolo tomar las riendas del carro del sol. Al hacerlo los caballos se asustaron y Faetón perdió el control ocasionando un caos en el cosmos, ello obligó a Júpiter a lanzarle un rayo; fulminante.

En octubre de 1974, se estatizó el BCV y se le otorgó el derecho exclusivo de acuñar monedas y se reduce del 33% al 20%, la creación de reservas internacionales en divisas para respaldar la emisión de dinero fiduciario o billetes.

El amarre de la política monetaria y financiera al Estado se acentúa a partir de 1983, al asegurar a PDVSA, la retención de divisas que la empresa productora exportadora de petróleo, también estatizada, requiriese. Con la reforma de 1987, se le otorga al BCV la facultad de manejar fideicomisos, sin ningún control, y se le permite dar anticipos de hasta 90%, hasta 360 días, por las operaciones que hiciera como reportador; operación antes autorizada a la banca hipotecaria y a las sociedades financieras (crédito a largo plazo).

Por ello se observa el crecimiento sostenido del rubro “inversiones” en los activos del BCV (ver cuadro N°2) y la disminución progresiva del apoyo al sistema financiero privado.

Digamos, finalmente, que, a partir de la novena década del Siglo XX, el BCV se alinea con la simplista idea “copernicana” de intentar controlar la inflación por la vía monetaria; reduciendo, en la práctica, la emisión para el público (liquidez) y el otorgamiento de crédito al sistema financiero privado (las inversiones de capital) al permitir tasas de interés de dos dígitos medios/altos; estimulando la fuga de capitales; al tiempo que el Fisco se endeudaba masivamente con la banca internacional.

Queda así claro, en mi opinión, que la estanflación existente encuentra, como responsable principal, a las autoridades públicas venezolanas, desde la segunda mitad de la séptima década del Siglo XX.

Podemos entonces terminar recordando que, quien toma decisiones políticas ignorando los criterios de la real politick, es decir, evaluando anticipadamente las consecuencias a corto y largo plazo, corre el riesgo de morir como Faetón.

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