LOS RADICALES Y LA LIBERTAD

El Globo News –

Por: Evencio J. González Patiño –

Refiero como radicales, a aquellos opositores negados a toda iniciativa de diálogo con el régimen, salvo el obligatorio para establecer las bases  del cese de la usurpación y con mayor intensidad, se oponen a todo proceso electoral, previo al cumplimiento de tal condición. Según sus críticos, son personas sin mayores conocimientos sobre la política, quienes no entienden que el arte de ella, es precisamente el ejercicio de un diálogo permanente entre opiniones divergentes, en la búsqueda del mayor consenso posible entre las partes. Afirman sus censores, que los radicales son miopes ante la historia, la cual nos enseña, el papel estelar del diálogo y de las elecciones en la solución de los grandes conflictos de la humanidad. Los acusan de ser cultores de la fuerza y que su extremismo descontrolado los lleva a emprenderla contra el liderazgo opositor. Les reprochan proponer la vía de la guerra y del enfrentamiento, para al final, sobre el cadáver de muchos compatriotas, tender la mesa del diálogo, que de haberse hecho antes, nos ahorraría tanto sufrimiento. En fin los radicales, según sus adversarios, son unos “tontos útiles” al servicio del narco-estado, quienes  harían una gran contribución a la causa del cambio, con su silencio.

Todos estos cuestionamientos, tuvieran base de credibilidad, si en nuestro país existiera un gobierno democrático normal, o quizás uno cargado de fuertes desviaciones autoritarias, incluso, si fuese un régimen de los catalogados como dictaduras “clásicas”, como las tantas registradas en la historia del continente.   Pero carecen de toda pertinencia, frente al engendro gubernamental que ha destruido a nuestro país. Es necesario tomar plena conciencia de la gravedad de nuestra tragedia. Sospecho que muchos venezolanos y lo que es más grave, muchos dirigentes políticos en posiciones de conducción, y  todos quienes critican a los radicales, no han logrado despertar ante la terrible realidad que padecemos. Las grandes riquezas que reposaban  en nuestro subsuelo han sido saqueadas y dilapidadas. El otrora país exportador de petróleo hoy contempla con tristeza, una producción similar a la de su etapa incipiente de los años 40. Una economía anoréxica mostrando su cuerpo famélico. Una moneda totalmente desaparecida, tanto en su valor como en su presencia física.

El dólar ha llenado a medias el vacío dejado por el bolívar pero con unos desajustes aterradores, quienes tienen acceso a él, medio sobreviven, pero para quienes ni siquiera lo ven de lejos, la condena es el hambre y el mañana es la muerte  de mengua. Las familias beneficiarias de algún ingreso, deben sobrevivir  con el monto de uno, dos o tres salarios mínimos, equivalentes a 4, 8 o 12 dólares al mes, en una economía donde ocurre el fenómeno de mayor inflación del mundo. Los servicios públicos, donde no han desaparecido, se prestan muy desmejorados y con intervalos donde predomina la ausencia. Un país con la muerte acechando en cada esquina o en cada quebranto de salud, por la escasez de atención, de medicamentos o  de recursos para financiar los pocos disponibles.  En fin, aceptemos con pesar que Venezuela ahora es un país en extinción, nuestra soberanía nos ha sido arrebatada por la bota insular, esto es tan así, que ya Cuba tiene un puesto en el Consejo de Ministro. Estamos ante una terrible catástrofe existencial. Hemos perdido nuestra condición de patria libre y soberana por la que dieron su vida nuestros libertadores. Por eso  nuestro reto es por una causa existencial. No hay bandera más alta para arengar una lucha que aquella en  la que se decide la propia vida, la vida de la nación, Cuando está en juego la subsistencia, todas las otras metas pasan a ser accesorias. Incluso un valor tan preciado como rescatar la democracia pasa a un segundo lugar, prevalece sobre las demás la meta de volver a independizar a Venezuela. La actual urgencia del cese de la usurpación viene marcada por la  exigencia de recuperar nuestra soberanía. Será en la Venezuela de plena autonomía como nación independiente, donde podremos organizar un gobierno de transición y llevar adelante unas elecciones verdaderamente libres.

Frente a tan elevada exigencia de liberación, que importancia puede tener unas espurias elecciones parlamentarias apañadas por la usurpación, sería un error imperdonable desviar la atención necesaria para alcanzar el supremo objetivo de restablecer la soberanía, para distraerla en morder la nueva carnada en el anzuelo del narco-terrorismo. Se nos pretende acorralar por la necesidad de renovar a la legítima Asamblea Nacional en el presente año, para obligarnos a participar en  la parodia electoral que pretende montar la canalla con toda alevosía. No podemos pecar de nuevo, cayendo en la tentación de atender esta nueva cara del mal. Hagan su tramoya electoral cuando les venga en ganas,  pero eso sí, no se demoren mucho porque a lo mejor no les da tiempo. Unos comicios fraudulentos realizados sólo en las entrañas del monstruo, no le quitan un ápice de legalidad a nuestra lucha existencial.

Es necesario acabar con el mito, repetido por algunos, según  el cual, “se debe aprovechar cualquier rendija por la cual meterse,” o  su otra versión mejorada del “hay que dar la pelea en todos los terrenos”, algo así como en aquel viejo refrán: “tirarle palo a todo mogote”. Para los que gustan del béisbol, estas afirmaciones me llevan a pensar en la suerte trunca del  jugador a quien se le ocurriera decirle al pitcher contrario su disposición de hacerle “swing” a todos los lanzamientos que le haga,  sin dudas conseguiría una cadena de ponches impresionantes. Es decir, así como en el símil, el bateador le dice al lanzador donde debe poner la bola para que no pueda pegarle nunca, así mismo, le estamos diciendo a los bandidos, hagan la trampa donde quieran, porque nosotros siempre estaremos allí para caer en ella. Esas elecciones falsarias, no pueden ser motivo de ninguna prisa, la urgencia que con tanto ardor debe apremiarnos hoy, es  detener ese proceso de disolución nacional. La de un país que, casi no lo es ya, porque lo está perdiendo todo. Hasta su población se encuentra diezmada, se cuenta por un quinto el total de  sus hijos que la han tenido que abandonar, en la más intensa corrida demográfica del continente y una alarmante cifra de 5 mil compatriotas que lo hacen diariamente. Nuestra única premura, nuestra única intención y nuestra única misión a cumplir, tiene que ser el cese de la usurpación para detener esta desgracia.

Si por sostener esta visión  de nuestra lucha, o defender este razonamiento tan pertinente, se cae en radicalismos, que vivan los radicales, ojalá que todos los venezolanos abracemos esa causa tan noble y apasionante. Venezuela se desangra y enflaquece aceleradamente por efecto de esta terrible enfermedad que la consume. Afortunadamente la gran mayoría de los gobiernos del mundo empiezan a valorar el inmenso peligro que el estado terrorista opresor, representa para la paz de sus pueblos, no hay tiempo que perder. 2019 fue un año de mucho avance en nuestra lucha, se equivocan quienes, por intereses mezquinos, quieren presentar de él, un balance de caos o derrota. Si el anterior fue un buen año, 2020 tiene que ser el definitivo para alcanzar la  nueva independencia, será el tiempo del renacer de esa Venezuela libre y democrática embalada hacia un progreso cimero en el continente. Pero si bien, sus 12 meses, son una muy larga duración  para el sufrimiento de los venezolanos y para el deterioro de nuestro país, de la misma manera, son muy poco tiempo para la gran tarea a realizar, por lo cual, debemos aligerar el paso y madrugar en nuestras acciones. 

La silueta de una solución comienza a proyectarse en el horizonte cercano, fuerzas internacionales determinantes conversan con el Presidente Guaidó en Bogotá como cumbre anti-terroristas. Guaidó se reúne con líderes del primer mundo proyectando la catástrofe venezolana y sus posibles soluciones. El cerco al régimen se estrecha cada día más, a base de sanciones, limitaciones y otras medidas coercitivas. La comunidad internacional, nos ayudará a debilitar a la bestia. Pero el punto final nos corresponde a los venezolanos y lo vamos a realizar organizando y ejecutando la gran trifulca nacional, una convocatoria a todos los sectores de la vida nacional, para paralizar al país y tomar masivamente las calles y expulsar de manera terminante al usurpador. Este será el día de la unidad, porque ese esfuerzo nos reclama a todos, a radicales y electoralistas, estudiantes y profesores, obreros y patrones, empleados y empleadores, militantes multicolores e independientes, ese será el día del ¡ya basta! Pero lo más sublime ese será el día de la nueva independencia y de la libertad.