Pérdida de audición, la epidemia silenciosa

El Globo News (Miami Dade)

Quizás siente que, con el paso de los años, su oído ya no es el mismo de siempre. O que cuando le hablan no logra percibir adecuadamente la información que su interlocutor le quiere transmitir, ya sea por el ruido de fondo o simplemente porque no lo escucha bien. De ser así, usted podría sufrir una pérdida de audición.

Esta se produce cuando el sonido del exterior no logra entrar de manera adecuada en el oído, ya sea por alteraciones en nuestro órgano o en el nervio auditivo. Como consecuencia, el cerebro no puede interpretar correctamente el estímulo que estamos escuchando.

Son muchas las personas que la sufren. Solo en Estados Unidos, casi la mitad de los individuos mayores de 65 años tiene algún grado de pérdida en el sentido de la audición. En el mundo, la cifra asciende a los 1.500 millones de afectados.

La pérdida de audición genera graves alteraciones en la comunicación de las personas afectadas, porque entorpece la recepción de los mensajes orales o los sonidos externos. En muchos casos, reduce la autonomía personal y afecta al correcto desarrollo de relaciones de afecto o las interacciones sociales.

Envejecimiento y ruidos fuertes

Debido al daño celular acumulado a lo largo de todo el ciclo vital, el envejecimiento es uno de los principales factores que aumentan las posibilidades de perder audición. Otros desencadenantes son los ruidos fuertes, la herencia genética, algunos medicamentos tóxicos para el oído y enfermedades como la meningitis. Todos ellos pueden dañar las células ciliadas que se encuentran en la cóclea, nuestro principal órgano de la audición.

La falta de audición aísla a las personas que la sufren.

Además, en los últimos tiempos se ha observado que en las grandes urbes existen potentes emisores de ruidos, como el tráfico rodado o las obras de construcción, que también pueden tener un impacto negativo.

Consecuencias de la pérdida de audición

La pérdida de audición se asocia a múltiples condiciones de salud desfavorables, como la depresión, el aislamiento social o el deterioro cognitivo, y es el principal factor de riesgo para sufrir demencia en la mediana edad.

Además, se ha observado que podría ser un marcador fisiológico para detectar el síndrome de fragilidad, una enfermedad asociada con la mortalidad y la discapacidad en los adultos mayores.

Actualmente, la pérdida de audición relacionada con edad no tiene cura; solo se puede mejorar parcialmente la sensación sonora de las personas que la padecen.

Dentro de los tratamientos más conocidos, encontramos los audífonos y los implantes cocleares. Sin embargo, estos dispositivos electrónicos presentan dos desventajas: su elevado precio y la calidad del sonido que proporcionan, diferente a la de un oído sano. Fuente El País. Fotos cortesía

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