“POLITIQUERÍA”: FACTOR DE ATRASO Y POBREZA

René Fuentes / El Globo News

Lamentablemente los partidos han desvirtuado su esencia y su papel como rectores del sistema democrático, porque ese estilo de operar hoy no son garantía de mejoras y felicidad de la colectividad. Solo es un vehículo motivador de pobreza y estancamiento.

No se trata de ignorar a los partidos políticos, pero sí es necesario ser más selectivos y evitar el fanatismo a la hora de decidir o seleccionar, porque definitivamente debe prevalecer en cada uno de sus miembros la condición de servidores públicos.

Por lo tanto, si merma la “politiquería” y nos organizamos conscientemente como países, estaremos asegurando los halagadores pronósticos de desarrollo que se pregonan en el mundo.

Sin embargo, es imprescindible la convergencia de todos los sectores con el propósito de contribuir con ese ansiado porvenir, sin la influencia de la política o de supuestos líderes que solo buscan la participación de la ciudadanía para alcanzar sus objetivos muy particulares.

Por ello debo enfatizar que hoy, más que en cualquier otra época, es preciso revisar y evaluar cada propuesta de los “artistas de la demagogia”, para que no haya confusión alguna.

La buena educación, instrucción y habilidades profesionales son condiciones esenciales para integrarse por méritos propios a la productividad de nuestros países que, a su vez, se traducirá en beneficios para cada uno de sus habitantes.

En estos difíciles tiempos es necesario recuperar la sensatez como ciudadanos y eludir el contacto con los “politiqueros”, que son la mayoría. No debemos depender de ellos para cargos y, por ende, para subsistir. Así estaremos esquivando la miseria y el abandono.

VENEZUELA, VÍCTIMA DE LA POLITIQUERÍA

Hoy en Venezuela se ha acentuado la incompatibilidad entre administrar debidamente y el gobierno ineficiente, producto de las erradas políticas que tradicionalmente son implementadas por dirigentes o activistas de los partidos quienes, a su vez, convierten a la gran masa de la población en clientes impulsores de sus anhelos muy personales.

Es un juego perverso en el que se involucran directa e indirectamente otros elementos de la sociedad, generando un “bochinche” difícil de descifrar. La consecuencia: Venezuela “está hecha leña”.