¿POR QUÉ BOLIVIA SI?

El Globo News –

Evencio J. González Patiño

El éxito del pueblo boliviano de sacudirse al títere dictador Evo Morales,  merece profunda reflexión por parte de la clase política latinoamericana y muy especialmente, por el liderazgo opositor venezolano, en la búsqueda de respuesta a la interrogante que todos nos hacemos hoy: ¿Por qué en Bolivia sí se pudo  y en  cambio en Venezuela no se ha podido todavía?

Es necesario tomar en cuenta a la hora de realizar tal comparación,  que la boliviana y la venezolana son dos realidades distintas, pero con un paralelismo sorprendente. Algunos  colocan la causa de esa desigualdad en la disposición de los bolivianos de ir a votar, por supuesto esta razón no explica tal disparidad, nosotros hemos votado no una, sino varias veces, incluso logrando el éxito electoral, tal como ocurrió en las elecciones parlamentarias del 2015, pero antes de proclamarse la victoria opositora, ya el TSJ nos había castrado la mayoría calificada de los dos tercios. El pueblo venezolano siempre ha tenido una marcada inclinación por el voto, siempre su participación en los comicios estuvo muy por encima del promedio de nuestros pueblos hermanos. Claro, eran tiempos cuando el voto decidía. 

Otros pueden argumentar el éxito de Bolivia en la fuerte reacción de su pueblo, comparándolo con una supuesta pasividad del nuestro. Este razonamiento,  además de injusto con la valerosa resistencia venezolana,  mantenida en los últimos  20 años, está muy lejos de justificar la discrepancia de resultados entre ambos casos. En Venezuela como en Bolivia el pueblo se ha rebelado con mucha fuerza, son incontables los intentos de nuestra población para sacudir esta desgracia. Cuántas vidas no se han cegado en nuestro país en procura de la libertad, cuanta sangre de hermanos vertidas en las calles de la patria por acción de la mano asesina del opresor.  Se logró por breve tiempo aventar al opresor a la Orchila, las más grandes  concentraciones humanas, marchas a granel, huelga general y sectoriales de todo orden, las llamadas “guarimbas”, denunciamos la nacionalidad extranjera del usurpador, declaramos su abandono del poder, le designamos un sucesor como presidente interino, lo derrotamos en las urnas. En fin hemos hecho de todo y sin embargo el tirano sigue aún en Miraflores. Pese a todo ello, no estamos agotados en nuestro empeño de resistir, actualmente nos preparamos para una nueva y quiera Dios decisiva jornada el próximo sábado 16 de Noviembre.

En cuanto a la actuación del pueblo opositor, quizás la única diferencia a destacar es que nuestros hermanos del sur rechazaron el llamado desesperado del tirano a dialogar para ganar tiempo y aplacar la calle, ellos aprendieron de nuestro error recurrente en esa materia.

Para explicar la diferencia se podrá alegar también que dentro del cuadro de prioridades de la ocupación cubana y sus aliados, Venezuela y Bolivia no tienen la misma prioridad, por lo que las tenazas opresoras sobre ambas conquistas, no tienen la misma fuerza. Lógico la capacidad  financiera que aporta nuestro país al plan dominador castro-comunista y nuestra importancia geopolítica no la tiene Bolivia, sin llegar a desconocerle a ésta, lo interesante que para ese plan desestabilizador de las democracias de Suramérica representaba ese foco de acción enclavado en el centro del cono sur. 

La pérdida de Bolivia, representa sin dudas un duro golpe para las ambiciones de expansión del comunismo en el continente. El régimen de Evo Morales recibió todo tipo de ayuda y respaldo financiero por el chávez-madurísmo y asesoramiento político y de inteligencia de los cubanos, quienes hicieron hasta lo imposible por preservar ese bastión. Prueba de ello es la designación como  embajador  en esa hermana república de Carlos Rafael Zamora alias “El Gallo” un veterano y eficiente agente para la infiltración continental. En fin, ninguna diferencia en la atención de los interventores, sobre ambas colonias logran aclarar la desigualdad que nos ocupa.  

La gran diferencia entonces está en la actuación de las Fuerzas Armadas, mientras  en Venezuela los hombres de uniformes se doblegaron ante la fuerza invasora de Cuba para defender a la tiranía, burlando la expresión de Bolívar “maldito el soldado que apunta su arma  en contra de su pueblo”, y no se les “agua el ojo” para masacrar al pueblo que protesta. En Bolivia muy por el contrario, sus hombres poseedores del monopolio de las armas se declararon incapaz de ir contra sus hermanos civiles, desconociendo la orden y los deseos del tirano de enfrentar al pueblo en la calle.

Esta comparación entre los hechos políticos en Bolivia y Venezuela nos lleva a concluir, que son los “hombres de verde” quienes se subrogan el papel de supremos jueces, para decidir el rumbo en las naciones subdesarrolladas o de instituciones débiles. Acaba de suceder en Perú, donde se preservó el hilo democrático, porque las armas acompañaron  al Presidente Martín Vizcarra,  en su discutido cierre del Congreso. En Ecuador cuando afortunadamente se mantuvieron fieles a Lenín Moreno a pesar del fuerte sacudón que le dio la barbarie. En Nicaragua manteniendo a juro a Ortega, frente a la insistente revuelta popular exigiendo libertades y en Chile, en medio de un vandalismo sin límite, han estado y Dios quiera continúen respaldando al Presidente Piñera.  

En los países desarrollados, la fuerza de sus instituciones se impone sobre la demencia de cualquier gendarme. Allí por muchos batallones a disposición del ambicioso siempre priva el peso de su democracia. En esas naciones del primer mundo, la “caja de los machetes” no está en los cuarteles, sino en el predominio de sus leyes.

Debemos preguntarnos con mucha seriedad los venezolanos ¿hasta dónde es necesario y saludable la existencia misma de las Fuerzas Armadas? ¿Vale la pena para un país en desarrollo, cargado de problemas, con buena parte de sus pobladores viviendo en condiciones que rozan la miseria, tener el obsceno gasto militar de hoy? La democracia es el mejor sistema de gobierno inventado por el hombre, pero su plena vigencia está cargada de exigencias, entre otras, para que exista democracia, deben existir instituciones que le den  sustento, y para preservar la vigencia del sistema de libertades dichas instituciones deben ser tan fuertes y estables que la blinden de cualquier “bota insolente”. 

Mientras se alcanza esa madurez no se puede crear esa especie de reyezuelos, quienes valido del arsenal que la república pone en sus manos, pretendan imponer a rajatabla su capricho y voluntad. Costa Rica eliminó sus fuerzas armadas hace ya 71 años y hasta ahora no le ha hecho falta, su progreso, su integridad territorial y sus libertades siguen adelante. La justificación de la existencia de la fuerza militar viene dada para garantizar la vigencia de la constitución y esta no puede haber sido más pisoteada de lo que ha sido últimamente en Venezuela. También sirven para garantizar la integridad territorial, pero pocos países habrán sido tan ultrajados en su territorio estos 20 años como el nuestro. Hemos sido tierra de nadie para Cuba, para los narcos-guerrilleros  de la FARC, ELN, y para los terroristas de  Hezbolá. 

Tenemos en la actualidad unas fuerzas Armadas además de inútil,  degradadas y depravadas, ahora suman a su amplia corruptela a todo nivel, el participar en el negocio del narcotráfico, y en la depredación del llamado “arco minero” convertido en especie de “festín de Baltazar” donde las hienas de verde se reparten nuestras riquezas como carroñas. Preguntémonos de verdad ¿Vale la pena en la nueva Venezuela por venir la existencia de esas Fuerzas Armadas? Señores oficiales, si todavía les queda en el más apartado rincón de su ser, un ápice de dignidad, pregúntense ¿Qué servicios le brindan Uds. a la patria que juraron defender, que no sea el sostener a este régimen de destrucción de miseria y corrupción? Su eliminación no sólo representaría un importante ahorro de recursos financieros, sino un gran paso en el sendero de lograr estabilidad, la ansiada vida institucional y la democracia de nuestro amado país. Es una posibilidad por lo menos digna de plantearse y sopesar. 

El próximo sábado se presenta una nueva oportunidad con la llamada a la calle del Presidente Guaidó. Es una ocasión extraordinaria para iniciar el cambio definitivo. El pueblo saldrá dispuesto a darlo todo por su libertad. Dios quiera que nuestros militares lo entiendan así y se pongan a su lado. Allí tienen la gran posibilidad para reivindicarse, o la toman ahora o quizás la pierdan para siempre.