“SEGUNDA INDEPENDENCIA”

El Globo News –

Evencio J. González Patiño –

Venezuela tiene 20 años padeciendo los rigores del socialismo del siglo 21 y más de 15 en resistencia indómita contra ese morbo. Todo comenzó con el triunfo electoral conquistado por el Teniente Coronel protagonista del fracasado intento de golpe de estado, seis años antes. Aquellos comicios representaban el inicio del noveno período constitucional de la era civilista. Si bien ocurrían en momentos cuando, nuestra democracia mostraba profundas arrugas producto de un cúmulo de desviaciones que hacían presumir para ese quinquenio que comenzaba, un tanto más de turbación en las acciones del gobierno, No obstante ello, la gran mayoría de nuestra población asumió aquel cambio, como expresión de alternabilidad en el poder y  signo de solidez de nuestro sistema de libertades.

Sin dejar de reconocer que una buena parte de la población se manifestó contrario a aquella opción ganadora y que hay  testimonios de quienes con una prodigiosa intuición, describieron con precisión relojera la desgracia que hoy padecemos, debemos afirmar, que para la gran mayoría de los venezolanos partidarios o no de la causa victoriosa, aquellos comicios daban inicio, dentro de la rutina normal de nuestra democracia, a una nueva gestión de gobierno, la cual sería sometida al juicio popular correspondiente en las próximas elecciones, sin imaginar siquiera la inmensa tragedia que comenzaba a gestarse a partir de aquel 6 de diciembre de 1998. 

Pensar que aquella aventura que se iniciaba no conduciría al bienestar de nuestro pueblo, era relativamente fácil, bastaba con revisar las credenciales políticas y profesionales del agraciado para llegar a esa triste conclusión. Lo difícil de presagiar era la inconmensurable dimensión de la destrucción que aquel régimen provocaría a la nación. Escapa del racionamiento normal la capacidad de atribuir a aquel mago de la mentira, la realización  del milagro al revés de provocar en apenas 20 años, la total desolación y ruina del país más rico y uno de los más desarrollados del continente. Quién podría prever la desaparición del bolívar, la quiebra de PDVSA, la clausura del complejo  siderúrgico de Guayana, el cierre de RCTV, la desaparición de la libertad de prensa, la ruina de más de 7 mil empresas, todos los servicios públicos agonizantes, escuelas destartaladas sin educadores y con educandos famélicos, universidades vacías y en bancarrota presupuestaria, ausencia total de la función crediticia, la devastación de nuestros campos, unas fuerzas armadas carcomidas por la corrupción, la muerte por falta de un simple medicamento, la pérdida de la vida por hambre y el entierro de cuerpos envueltos en colchas o en cajas de cartón y la escasez de todo. En fin, como avizorar entonces,  esta Venezuela  convertida en tierra arrasada y depredada por el aterrador socialismo del siglo 21.

Quién podría imaginar siquiera, el estado de precariedad en que ha quedado el otrora país embalado por la ruta de un desarrollo vigoroso, aquella patria de libertadores y libertades, aquel terruño convertido en faro irradiando al mundo sus rayos luminosos de una democracia viva y consolidada. Quién podría predecir que  todo se perdería, hasta el concepto de nación que cada día se nos hace más estrecho. Si se considera una nación como: “Una comunidad social con una organización política común, un territorio y órganos de gobierno propios, que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades”. Comprobaremos con dolor que la Venezuela que nos dejará esta barbarie, está lejos de reunir esos elementales requisitos. Carecemos de un territorio integrado, porque nuestra geografía está repartida en parcelas controladas por diferentes fuerzas de origen exógeno, tales como el narcotráfico, la guerrilla y el terrorismo islámico. Hemos perdimos nuestra soberanía e independencia cuando la totalidad de nuestro territorio está mancillado y pisoteado, convertido en colonia de la Cuba castro-comunista. Un Estado es independiente cuando no depende de otro y goza de plena libertad política, económica y administrativa. Desde hace un buen tiempo, perdimos esa condición bajo el yugo de la casa matriz habanera. El recuperar esa soberanía perdida le otorga otra connotación a nuestra lucha, ya no se trata sólo de lograr la libertad despojando del poder a un régimen tiránico. Es menester emprender una nueva gesta independentista para expulsar “la bota insolente” del invasor caribeño, con todos sus apoyos por parte de la mafia internacional.

Esta necesidad de enfrentar factores supranacionales, nos obliga a reflexionar sobre la orientación de nuestra lucha. Debemos considerar que nuestro caso no es único y aislado, somos objetivo conquistado dentro de un plan de dominación continental, donde ya cuentan con absoluto control sobre nuestro país, Nicaragua y la propia Cuba, con importante dominio en México y Argentina,  pero además con fuerte penetración en el resto del continente. 

La conmoción que sacude  en la actualidad a varios países de América Latina, nos debe preocupar a quienes amamos y defendemos  la libertad. Estos acontecimientos, nos ofrecen la oportunidad de fomentar la creación de un bloque de todos los gobiernos democráticos del continente, para enfrentar las pretensiones dominantes del germen invasor y creo que nos corresponde a los venezolanos como dolientes directos, la iniciativa en esa materia. Ahora la América entera  es terreno abonado para el cultivo de la idea de ese frente multinacional. Que no se agote, como el Grupo de Lima, en simples manifestaciones de apoyos y rechazos, sino con capacidad para emprender acciones concretas para repeler esos intentos desestabilizadores.

El carácter internacional de nuestro conflicto y su condición de recuperar la soberanía e independencia perdida, nos exige un esfuerzo mayor, no sólo se trata de derrotar a un tirano usurpador, es necesario vencer y expulsar a quienes le dan sustento, fuerzas invasoras compuestas por la simbiosis entre la acción política, la delincuencia común y el terrorismo. No es por tanto, tarea fácil la que nos ha tocado emprender a los venezolanos de hoy.

Viendo en su justa dimensión el alcance de nuestro reto, nos podemos explicamos la razón de los fracasados intentos por abordarlo mediante el diálogo o la  vía  electoral. La calaña de nuestros invasores, no entiende de soluciones civilizadas, Unas elecciones hoy para poner cese a la usurpación, representaría mucho menos de la que significó, en momentos precursores de nuestra anterior independencia, aquella valiente e ingeniosa acción del clérigo y prócer José Cortés de Madariaga, quien haciendo señal negativa en las espaldas del Capitán General Emparan, logró el rechazo mayoritario del pueblo caraqueño presente. Quien por cierto, con su aceptación de aquella rudimentaria votación, demostró mayor civilidad que la del actual impostor de Miraflores. Ese gesto tuvo un extraordinario simbolismo  para combatir las dudas de los pobladores de entonces, pero estuvo muy lejos de ahorrarnos todos los duros trajines en los campos de batalla, que fueron necesarios para la conquista definitiva de la libertad. Así mismo, el logro de esta segunda independencia nos hace inevitable la confrontación, pero quiera Dios no sea tan dolorosa y sangrienta como la primera  Evegopa 29/11/201.