Venezolanos: ¿Arrinconados, recibiendo mazazos?

René Fuentes /

Elglobonews.com –

Las diferencias entre venezolanos no deben conducir a la terquedad. Ellos tampoco deben dejarse atrapar por los efectos del rencor porque, hoy más que en cualquier otro momento, es imprescindible el reencuentro de los hijos de la Venezuela que sufre y llora, clamando libertad y justicia social.

Cuando en cualquier lugar de Estados Unidos escuchamos decir “¡pobre Venezuela!”, sentimos pena y tristeza, porque esa afirmación mueve nuestra simiente como hijos de ese territorio, icono de la América del progreso, que se conoció como feliz referencia mundial y que generó una emigración que contribuyó de manera determinante con ascendente ritmo de superación.

Hoy evocamos aquellos esfuerzos que construyeron un país excepcional, adonde todos querían ir en busca de la felicidad o por el deseo de salir adelante. Pero con dolor recorremos una parte de su historia signada por la desesperanza.

En estas décadas todo ha cambiado para mal vivir. Son tiempos de dolor y de drama en cualquier lugar, como consecuencia de la llegada del devastador gobierno del “Siglo XXl”, que sigue su curso y trasciende como generador de la implacable crisis de la Venezuela republicana.

No obstante, reflexiono acerca del proselitismo que se vive y llego a la conclusión de que el país debe desmarcarse de la clase política imperante. Esa que se ampara en el sufrimiento y la pobreza para imponer sus desmedidas ambiciones. La población no debe permitir que se le siga tratando como ilusa.

Asimismo, el gobierno, afianzado en sus posibilidades, trata de fortalecer el “clientelismo político” con la creación de entes o instituciones innecesarias, solo con la finalidad de emplearlas (supuestamente) para controlar más fácilmente a la mayoría a través de elementos como el Carnet de la Patria, que es un “gancho de captación e intervención, más que un beneficio”.

Por otra parte, la dirigencia opositora se empeña en una lucha fratricida con el objetivo de proyección y de solidificar liderazgos personales. Cayendo en el juego del “chavismo-madurismo”, que de alguna manera controla su ineficiente accionar. En otro sentido, se dejan manejar, porque igualmente buscan con facilidad sus beneficios personales, pactando a espaldas de la gente, que espera “cambios urgentes” ante la irresistible descomposición.

En mi opinión, creo que debe convocarse a un gran reencuentro que oriente el surgimiento de un movimiento capaz gestar los cambios que se claman a viva voz. De no producirse, entonces será cuesta arriba salir de la tormentosa situación y, por ello, se permanecerá bajo las riendas de los “malhechores”.

Sería la reafirmación de que se vive a expensas de lo que ordenan o dispongan Maduro como presidente y Cabello, como jefe de gobierno no oficial pero sí en la práctica del “tejemaneje” del Palacio de Miraflores, en Caracas. Es como aceptar que la población está “arrinconada y dominada, recibiendo mazazos”. ¡Dios te salve Venezuela!

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