Venezuela asilada en el mundo

Rafael Ángel Domínguez M.

Venezuela no es Cuba. ¡Venezuela no es Cuba! Esa era la consigna de una mayoría, que incrédula ante el discurso incendiario y comunista del entonces recién electo presidente Chávez, consideró que esas amenazas serían más las habladurías de un presidente pendenciero que futuras realidades.

Dichas amenazas fueron cumpliéndose una a una de manera sistematizada y continua, iniciándose todo con una reforma constitucional que se proponía, desde el inicio, cambiar mucho más que la carta magna. Buscaba transformar nuestra historia y eternizarse en nuestro futuro. Así, modificaron el nombre de la República y nuestros signos patrios, mensaje evidente de que Venezuela, desde ese entonces, nunca más sería la misma.

Se instauró un socialismo del siglo XXI, que no es más que lo peor del socialismo del siglo XX; se inició un proceso de expropiaciones, se generó una división social –necesaria para el proyecto comunista–, se impusieron férreos controles cambiarios que sirvieron para descapitalizar al inversionista y hacer rico al funcionario. Y olvidándonos de nuestras dictaduras militares pasadas continuamos repitiéndonos, más para convencernos a nosotros mismos que a los demás: Venezuela no es Cuba. Con esa y otras muchas más frases preconstruidas tratábamos de hacer menos trágico cualquier presagio futuro.

En las décadas de los ochenta y noventa Venezuela era el primer país de éxodo para los latinoamericanos y de las primeras opciones para los europeos, que buscaban y ansiaban mejores oportunidades de vida y garantizar un futuro a sus familias. Éxodo que hoy, lamentablemente, está en la mente del venezolano cada día con la idea de conseguir un mejor futuro para sus familias e hijos, a costa de los sacrificios que ello conlleva.

Es así como en el año 2002, con los despedidos de Pdvsa en cadena nacional, las acusaciones de cárcel contra los directivos de la estatal petrolera y los miembros del gabinete y firmantes del decreto de Carmona, comienza en Venezuela una primera oleada de exiliados que buscaban resguardarse, en terceros países, de las persecuciones, pretensiones de encarcelamiento y venganzas por parte de un gobierno que buscaba castigar a sus detractores, atemorizar a la oposición y depurar de sus filas a posibles “traidores”.

Es así como Venezuela empieza aquel año a aparecer de manera tímida en las estadísticas globales de ciudadanos que solicitan asilo por casos, casi en su totalidad, de persecución política, hechos que no ocurrían desde los destierros de las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez.

Cuando hablamos de asilo, nos referimos específicamente al caso de asilo político, que es la figura más utilizada por los venezolanos en sus solicitudes, de acuerdo con los datos de USCIS y ACNUR. Tenemos que tener presente que el asilo alude a la protección, resguardo o auxilio que un país brinda a un extranjero, porque ha sufrido persecución o porque tiene temor fundado de que sufrirá persecución por: raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social en particular y opinión política. Esta última es la razón más usada por los venezolanos al momento de solicitar asilo en el mundo.

Es así como se puede observar en los datos más recientes de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) que más de 8.300 venezolanos solicitaron asilo en ese país en los primeros tres meses de 2017, en comparación con solo 3.507 en el primer trimestre del año pasado. Venezuela, por primera vez en la historia, superó a China como la nación con la mayor cantidad de ciudadanos que buscan asilo en Estados Unidos. En 2016, más de 18.000 venezolanos solicitaron asilo a Estados Unidos, superando en más de 150% los que solicitaron dicha protección internacional en 2015 y seis veces más de los que lo solicitaron en 2014.

Los venezolanos están rompiendo récords de peticiones de asilo en España; solo en 2017 las solicitudes de protección de ciudadanos procedentes de Venezuela en los dos primeros meses del año llegan a 1.700, (800 en enero y 900 en febrero), frente a las 260 solicitudes que se registraron en el mismo período de 2016. Así, pues, de las 4.470 peticiones de asilo registradas en las Oficinas de Asilo y Refugio de España en los dos primeros meses de este año, aproximadamente 40% han sido formuladas por venezolanos; le siguen 560 solicitantes de Ucrania, 400 de Siria y 280 de Colombia, entre otras nacionalidades que pidieron protección en ese país. Hay que destacar que en 2016, España recibió más solicitudes de asilo de venezolanos que de sirios.

Uno de cada cinco solicitantes de asilo en Estados Unidos es venezolano. En Europa solo en el primer trimestre aproximadamente 3.000 venezolanos han solicitado asilo político, lo que ya representa un incremento de 60% del total de solicitudes efectuadas en todo 2016.

España culminó el primer trimestre con más de 2.650 solicitudes, seguido por Italia con 90 y Francia con 60, entre otros. En Argentina, desde la salida de la presidente Cristina Fernández, se han incrementado las solicitudes de asilo; en 2016 ya se había registrado un aumento de 120% de las solicitudes en comparación con el año anterior.

Según estos datos, en Estados Unidos, el número de venezolanos que están tratando de obtener asilo ha aumentado más del doble entre 2016 y 2017. Sin embargo, se debe tener en cuenta que las personas que están tratando de obtener el asilo basadas en hechos como inflación, escasez y la delincuencia no califican para dicha protección.

Aquellos que quieran emigrar a Estados Unidos, España, Argentina o cualquier otro país, y están buscando asilo, necesitan ser conscientes de cómo la ley se ocupa de estos asuntos y cuáles son los requisitos para ello, cualquier mala asesoría o errónea interpretación de ellos conllevaría a una inminente negación de la solicitud, con la consecuencia de una posible deportación.

Solo en Estados Unidos, en 2016 se llegó a la cifra récord de 18.155 solicitudes, aunque por el ritmo que lleva en 2017, aunado con la situación de crisis institucional, política y social que vive el país, va a ser superada con creces.

Dicha situación se ha convertido en preocupante, no solo para Venezuela, que ve salir familias con más dolor que maletas al abandonar su tierra, sino para todos los países que están recibiendo dichas solicitudes.

Anhelo que, más temprano que tarde, las lágrimas derramadas sobre el pasillo multicolor de Cruz-Diez en el aeropuerto sean por felicidad y reencuentro, no por tristeza y despedidas.

Andrés Eloy Blanco escribió: “Los cuatro que aquí estamos /nacimos en la pura tierra de Venezuela, /la del signo del éxodo, /la que algo tiene y nadie sabe dónde: /si en la sangre, en la leche o la placenta, /que el hijo vil se le eterniza adentro /y el hijo grande se le muere afuera”.

Mi esperanza es que el hijo vil termine de irse y los hijos grandes no mueran más, ni los que asesinan adentro luchando, ni los que mueren no pudiendo regresar.