En Venezuela el pueblo lucha, mientras los políticos disfrutan en el exterior

Juan Castro
Analista venezolano
Miami

“Ya es tiempo de las responsabilidades y los responsables”. Con esta frase culminaba mi reciente artículo de opinión escrito para El Globo News de Miami, y lo recordé cuando observé las imágenes de Manuel Rosales paseando muy serenamente por lo que parecía ser el Dowtown Disney de Orlando, Florida, EE.UU.

Se supone que un dirigente político lo es porque tiene esa capacidad innata de captar el ánimo social, para luego canalizarlo de la mejor manera, contribuyendo así a la conducción de cada país y sus ciudadanos por los destinos más nobles, claro está, ese es el desiderátum, pero en la vida real, efectivamente los “dirigentes” políticos lejos de guiar a sus conciudadanos por los caminos de la paz, prosperidad y progreso, en muchos casos han demostrado que son especialistas en hacer todo lo contrario, Hitler, Mussolini, Mao, Lenin, Stalin, Pol Pot, Chávez; Nicolás Maduro, y por supuesto, Manuel Rosales, son ejemplos claro de ello.

Es incompatible con lo que se espera de un político, que presuntamente se opone a un régimen abyecto y criminal como el venezolano, verle caminar como turista por las calles de Orlando cuando el país al que dice representar, los ciudadanos por los que dice hablar y actuar, están muriendo de hambre, falta de medicinas y cuanta calamidad bíblica existe.

Claro, es que ahora los venezolanos estamos descubriendo la verdadera naturaleza de nuestros “políticos”, a saber: ciudadanos cuya única misión en la vida es conectarse al aparato económico del Estado para hacerse ricos, utilizando como fórmula de “enchufe” (Capriles dixit), la retórica demagógica y el populismo como doctrina fundamental, articulando un aparato clientelar/electoral/burocrático, que les sirve como “maquinaria” para llevar a delante sus ambiciones personales, sin que en modo alguno les haya importado en realidad la suerte, el destino y el sendero, de ese “pueblo” que eufemísticamente manosean verbalmente hasta la impudicia.

Desde Rómulo Betancourt hasta Nicolás maduro ha habido en todos nuestros presidentes y “dirigentes” políticos algo de eso, sin embargo las generalizaciones no son para nada aconsejables, y estoy seguro que en el camino quedaron prohombres con verdaderas dotes de estadistas que quizá hubiesen contribuido en mayor medida a que Venezuela fuese un país de orden, de respeto a la legalidad, de moralidad, sin resentimientos y divisiones sociales, pero lamentablemente el alud de petrodinero que cayó sobre Venezuela tapió aquellas individualidades, o colectivos minúsculos, para dar paso a los “Manueles Rosales” de todo pelo.

Algunos años atrás (2009), coincidí en el aeropuerto de Orlando, con un alto funcionario de la Gobernación del Zulia, para la época en manos de Pablo Pérez; conversando con él me contó de los muchos y regulares viajes a Miami hacían Manuel y Pablo, insistiéndome en que él mismo los acompañaba regularmente, para atender los asuntos “políticos” y otros negocios: “hay que ayudar al exilio” me dijo, yo en realidad no sabía hasta ese momento en el que me enteré de primera mano que muchos de los funcionarios de esa gobernación “opositora” venían frecuentemente a Miami e incluso tenían propiedades aquí. Al pasar los años, Manuel volvió al país, y sé que su regreso fue absolutamente acordado con el gobierno chavista, que su prisión fue también un parabán y que luego al “salir de la cárcel”, junto con otros “líderes” de su partido, tenían la tarea de hacer viable al régimen de Maduro que, de no ser por la absoluta colaboración de importantes sectores de la oposición, comenzando por Henrique Capriles y su cobardía en reclamar la victoria, no hubiera durado seis meses en el poder.

Son muchos y en diversos escenarios los episodios que personalmente viví, y por ello los puedo relatar y compartir con los lectores, pero eso quedará para crónicas futuras.

De lo que sí no debe quedar duda es que la catástrofe, el holocausto, la tragedia, que se vive en la Venezuela de hoy tiene claros responsables, a quienes, en su hora habrá que exigirles su responsabilidad, y no se trata de venganzas, en lo absoluto, porque la justicia no es venganza, es como lo dijo Ulpiano: “dar a cada uno lo que le corresponde”. Por ello, los epítetos que un compatriota profirió a Manuel Rosales, al confrontarlo en la ciudad de Orlando, Florida, son una pequeña parte de lo que a estos “dirigentes” políticos les toca. Como dice mi hermano salsero Porfi Baloa: “agarre su pela”…