Viajar de Venezuela a Colombia: ¡La odisea de muchas familias por una vida mejor!

Elglobonews.com

CÚCUTA.- 16 familiares migrantes, la mayoría niños, sortean juntos los peligros en su ruta hacia una vida mejor.

  • Yamilethestá exhausta, sentada en una fina colchoneta sobre el suelo en un centro de acogida en Cúcuta, en la frontera colombiana, después de cargar a sus dos hijos pequeños durante los últimos tres días.

Yamileth tiene 18 años y no pierde de vista a Yadnoel, su pequeño bebé de 2 meses, con el que juega sobre el improvisado colchón, ni a Carlos, su otro hijo de 2 años, que está sentado junto a ella. Dejó su hogar en Miranda, Venezuela, y se echó a andar con una mochila y sus dos hijos al hombro con el firme objetivo de llegar a la ciudad colombiana de Cali, que espera alcanzar tras otros 8 días de caminata. Allí confía en empezar una nueva vida en la que poder acabar sus estudios y brindar un mejor futuro para sus hijos.

Yamileth y su familia en un centro de acogida en Cúcuta

Yamileth y sus hijos no caminan solos, junto a ellos, y protegiéndose mutuamente de los peligros, están su mamá, sus hermanas, sus hermanos y sus dos sobrinos.

En total, Yamileth y su familia, a la que hay que sumar dos cuñados, forman una caravana de 16 personas, nueve de ellos menores de 18 años. Y aunque el tamaño del grupo favorece su seguridad, no han podido evitar a uno de los peligros más temidos por los caminantes: la lluvia.

“Ayer llovió duro y los niños se mojaron y amanecieron con tos. No tuvimos tiempo para ir al centro de salud” dice Yamileth. “Toda la ropa se mojó. No estábamos preparados. Estaremos aquí hasta que se seque todo y podamos seguir”.

¿Por qué Yamileth busca establecerse en Cali, a casi 1.000 kilómetros de distancia, para comenzar su nueva vida? En Cali la espera su papá, quien fue el primero en migrar y que ha conseguido un trabajo en la recogida de café.

“Quisiera poder terminar mis estudios, llegué hasta primer año y lo tuve que dejar porque mi mamá no tenía dinero para pagar todo lo que hay que comprar”.

Esta familia migrante ha llegado a un punto de atención a caminantes apoyado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia    (UNICEF)   y ubicado en mitad de la carretera en Chinácota, a las afueras de la ciudad fronteriza de Cúcuta. Aquí, los caminantes pueden descansar, asearse, comer caliente, pasar la noche con seguridad, informarse de la ruta y sus peligros y conectarse a internet. Tiene capacidad para 250 personas y en los últimos días han pasado de media unas 360.

“El paso de la frontera fue bien porque tenemos todos los papeles. Lo más difícil es, simplemente, caminar. Sería terrible si mis hijos comprendieran todo esto. Quisiera llegar a Cali y conseguir lo que necesitan para mejorar una forma de vida”.

En los últimos meses, ha habido un incremento del número de migrantes que deciden caminar para llegar a distintas ciudades de Colombia o continuar su tránsito a otros países, especialmente, hacia Ecuador y Perú.

Durante su recorrido, los “caminantes” se enfrentan a riesgos de seguridad al transitar por zonas afectadas por actores armados, y también climáticos: no es inusual que las temperaturas bajen de más de 30 ° C a cerca de 0 ° C.

“Mi papá nos ha pedido que tengamos mucho cuidado en la carretera, sobre todo al pasar La Nevera (a más 3.000 msnm) por el frío”.

UNICEF apoya este centro de ayuda al caminante entregando kits de higiene para niños, adolescentes y sus familias, proporcionando ayuda psicosocial y promocionando comportamientos clave de protección, lactancia materna, agua, saneamiento e higiene. A fines de abril, al menos 327.000 niños de Venezuela vivían como migrantes y refugiados en Colombia.

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