Violinista Venezolano Wuilly Arteaga podría pedir asilo en EEUU

El Globo News

Wuilly Arteaga conocido como el “violinista de las protestas” en Venezuela señaló que posiblemente su casa a partir de ahora sea Estados Unidos. El músico venezolano dio a conocer la información después de una actuación en el Alice Tully Hall del Lincoln Center de Nueva York el martes 19 de septiembre del 2017.

Arteaga se hizo famoso tocando su violín durante las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro e incluso estuvo preso.

“Lo más probable es que pida asilo, pero no es una decisión que ya tomé”

Elmúsico, de 23 años, llegó el domingo a la ciudad de New York para participar en un foro que se celebró allí y tras el cual dijo que su prioridad es encontrar trabajo y, si lo logra, pedir asilo. El músico declaró que en Venezuela ha recibido amenazas por teléfono y a través de mensajes en las redes sociales. Su hermano, señaló, también las ha recibido.

“Estoy nervioso, preocupado. No sé qué va a pasar con mi vida”, dijo.

El violinista saltó a la fama en mayo después de que agentes de la Guardia Nacional venezolana lo arrastraran junto con su violín durante una represión contra manifestantes en Caracas, la capital de Venezuela. Con sombrías interpretaciones del himno nacional de Venezuela en medio de los gases lacrimógenos y lluvias de balas de goma, el violinista se convirtió en un símbolo del movimiento antigubernamental.

“Yo toco el violín por la paz, por la libertad”, dijo el joven a la audiencia que acudió al Oslo Freedom Forum, una cumbre que organiza la Human Rights Foundation para hablar sobre derechos fundamentales y democracia. Arteaga también cantó un extracto de una canción titulada “Futuro”, compuesta por él mismo.

A finales de julio fue detenido en una protesta y liberado en agosto. Tanto él como sus abogados dijeron que fue golpeado con su instrumento por algunos funcionarios durante su custodia. En Venezuela, explicó Arteaga, vive en la calle y en casas de amistades. A todas partes le acompaña su novia Hazel Pinto. De momento se queda en un hotel pagado por la Human Rights Foundation. Y es optimista, asegura. Va a ir en busca de contratos laborales.